TALLER DE DUELO. Cómo superar las pérdidas en la vida

Sugerencia 9. El puzle

Podría parecer que los medios de que disponemos en nuestra sociedad para compartir nuestra pérdida son cada vez menos porque hemos aprendido a rechazar la pena y la pérdida. Esto tendría un coste: no contar la historia y guardárnosla dentro supone un enorme gasto de energía, y es algo que aprendemos poco a poco. Cuando le decimos a un amigo que estamos bien, es posible que luego nos sintamos fatal por ello. Contar la historia, una y otra vez, a pesar de que aburramos a quienes nos escuchan, es básico, y no contarla es algo innatural. Sin embargo, sí que hay medios, y cada uno puede buscar los suyos. Como en tantas situaciones, la imaginación y la creatividad, que juegan un papel fundamental en nuestras vidas, también resultan decisivas en la experiencia de duelo. Así, hay quien graba vídeos, quien escribe cuentos, o libros… ¿Qué podrías hacer tú? ¿Qué te gustaría hacer para compartir tu historia? Comparte tu historia: ¿cómo quieres y vas a hacerlo?

EL PUZLE

Tu historia, la que conviene que saques afuera, que expreses, puede ser representada simbólicamente. Puedes, por ejemplo, hacerlo mediante un puzle fabricado por ti de fichas o piezas de formas diversas sin más, o puede ser una imagen que te resulte representativa (o un objeto) dividida en piezas. El puzle puede ser físico, y podría igualmente ser meramente simbólico (imaginado).

Se trataría de que fabriques tu puzle con cada una de las partes que componen “la historia” de tu pérdida. Puedes dejar el hueco en el puzle o la pieza sin escribir o dibujar, representando así lo que te queda por descubrir.

Una vez que has fabricado el puzle, los “huecos” que te queden por completar te darán pistas sobre lo que buscas, y podrás hacerte preguntas.

Y también podrías fabricar las piezas que quedaban con la parte de la imagen que faltaba, o las palabras que la completan, o con algo diferente que represente lo que has encontrado.

Y también podrías…

TESTIGO Y GUÍA (sugerencia para quien acompaña al doliente)

Cuando alguien te cuenta su historia una y otra vez, seguramente, aun sin saberlo, está intentando descubrir algo. Tiene que faltar alguna pieza porque, si no, ellos también se cansarían. En lugar de poner los ojos en blanco y pensar “ahí va otra vez”, puedes preguntarle sobre las partes que no conectan. Es una ocasión para ayudar siendo, además del testigo, también el guía.

Ayúdale a buscar lo que quiere saber. Y ten en cuenta que ayudarle a descubrir es muy diferente de dar consejos, o de imponer tu menara de ver o sentir; y es muy diferente de manipular. Se trata, como digo, de ayudar a buscar. Es el doliente quien encuentra, y no tú. Funciona así porque, lógicamente, tú no puedes saber qué es lo que busca ni cuál es la información que encaja, la que genera armonía, la que planta la flor de la paz en el jardín.

¿Desde qué ángulo lo ves tú? Podrías aportarle tu perspectiva por si le vale. Puedes preguntarle cosas como qué pensó el médico; o qué diría su marido ahora; o qué habría pasado si hubiera sido al revés. Existe una invitación para una exploración dual que solemos perdernos en medio de todo el dolor.

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