TALLER DE DUELO. Cómo superar las pérdidas en la vida

APRENDER A VIVIR MIRANDO AL CIELO

EL CAMINO DE LA VIDA

La clave para que nuestra vivencia de las celebraciones ante una pérdida sea plena es que nuestra participación sea activa, consciente, simbólica y espiritual, conforme a lo que he descrito anteriormente. Estos son aspectos que, como seguro que hemos podido comprobar, personalmente o en contraste con las vivencias de otros, requieren del crecimiento personal. Son dimensiones de la madurez humana que se va adquiriendo con la vida. O dicho de otra forma: saber morir o saber vivir la muerte no se aprende sólo el día del fallecimiento; a morir se aprende al vivir mirando al cielo.

“VOLAR MIRANDO AL CIELO”

Había una vez una niña, que vivía en una granja, rodeada de gallinas y otros animalitos, y cobijada por árboles frutales. Crecía feliz junto a otras familias, que también trabajaban allí.

Un día, jugando con sus amiguitos, escuchó algo que le resultó extraño. Y pensó que le preguntaría después a su madre sobre ello:

– Mamá, ¿qué es morirse?, preguntó la niña.

– ¿Morirse?, dijo su madre mientras ganaba unos instantes para pensar que responderle a su niñita… Morirse es como volar en globo…

– ¿Volar en globo? ¡Cuéntame en qué consiste! Quiero saberlo, insistió la niña.

– Mira, para volar en globo se requiere hacer tres cosas, le explicaba su madre mientras a la niña se le hacían los ojos cada vez más grandes de la expectación que sentía.

La primera es dejar que los acontecimientos de la vida vayan inflando el globo. Así, cuando el globo se ha inflado lo suficiente como para poder elevarse, todo queda dispuesto para que hagamos las otras dos cosas que hacen falta para volar.

La segunda cosa es soltar el lastre, es decir, todo aquello que nos pesa y que impide que el globo se pueda elevar. Esto es algo que tiene que hacer quien va a volar. Y hay tres tipos de lastre:

a) Las ideas que tenemos sobre la tierra que dejamos y las creencias que llevamos sobre el cielo hacia el que nos acercamos. En el cielo, las ideas y las creencias resultan tan pequeñas, que allí valen para poco, para muy poco… Es el momento de acallar la mente y el pensamiento.

b) El segundo tipo de lastre son las emociones de las que nos hemos ido llenando. Las emociones son como un pegamento, y mientras no soltemos las emociones, seguiremos pegados a todo lo que hemos ido viviendo, y estaremos tan apegados a nuestra memoria que no podremos elevarnos, no podremos volar…

c) Y el tercer tipo de lastre es la voluntad propia, nuestros deseos… Deseos de que pase esto o aquello; deseos de que los demás sean de una manera u otra; deseos de que el mundo sea como a nosotros nos apetecería… No se trata de lo que cada uno deseemos, sino de cómo en realidad es el cielo al que vamos. Porque hasta allí podremos subir no por nuestros deseos, sino porque el cielo nos abre las puertas.

– Mamá, dijo la niña, me has contado dos de las tres cosas que tenemos que hacer para volar. ¿Cuál es la tercera?

– La tercera no es algo que tenga que hacer quien va a volar. Es algo que tiene que hacer su familia, sus amigos, todos aquellos que le quieren.

– ¿Quieres decir, que es algo que tiene que hacerse desde fuera del globo?, preguntó la niña totalmente emocionada.

– Eso es, replicó su madre. Se trata de deshacer el nudo de las amarras del globo. Y es que, aunque quien va a volar tenga el globo inflado de vida y suelte lastre, le será difícil elevarse si desde tierra no se deshacen los nudos.

– ¿Y cómo se deshacen esos nudos?, preguntó con interés la niña.

– Los nudos son tres también, y se deshacen así:

a) El primer nudo se deshace imaginando que el globo se eleva, con unas letras grandes escritas en la lona, que dicen: ¡GRACIAS! Y se eleva y vuela, vuela muy alto, hasta entrar en el cielo, desapareciendo poco a poco.

b) El segundo, expresando una oración, una plegaria, una petición: que la persona que vuela sea muy feliz, a la vez que quedan sanadas las heridas de la falta de amor ocasional en los demás y en ella misma.

c) Y el tercer nudo se deshace llevando la atención hacia nuestras manos para que, al abrirse, nuestros miedos, nuestra tristeza y nuestra incomprensión salgan de nosotros y se eleven también al cielo. De esta manera, daremos paso a un amor inmenso que podemos llevar igualmente con nuestras manos hasta el corazón.

Así que, ya sabes, hija, se trata de llenarse de vida, de soltar lastre y de que los que te quieren te ayuden a deshacer los nudos de las amarras. ¿Ya sabes, entonces, qué es morirse?

– Sí, mamá, le dijo la niña mientras le regalaba un inmenso abrazo. Ahora ya sé que morirse es aprender a vivir mirando al cielo.

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