TALLER DE DUELO. Cómo superar las pérdidas en la vida

HABITACIÓN 4 La depresión

La pérdida de un ser querido es una situación depresiva, y la depresión es una respuesta normal y adecuada. Lo raro sería no sentirse deprimido tras perder a un ser querido. Sin embargo, a pesar de ser normal, el profundo y oscuro sentimiento de depresión que acompaña al duelo, suele ser visto en la sociedad como algo que conviene evitar. Por supuesto, una depresión clínica que no se trate puede conducir a un empeoramiento de nuestro estado mental. Pero en el duelo, la depresión es un recurso de la naturaleza para protegernos. Bloquea el sistema nervioso para que podamos adaptarnos a algo que sentimos que no podríamos superar. Como el duelo es un proceso de curación, la depresión es uno de los muchos pasos necesarios que hay que superar para conseguirla.

La única forma de salir de la tormenta es atravesándola.

La depresión clínica es un grupo de enfermedades que puede caracterizarse por un estado depresivo a largo plazo. Sin embargo, nuestra sociedad considera con frecuencia que una tristeza normal es una depresión que conviene curar. La depresión normal es la tristeza que sentimos en determinados momentos de la vida, “el resfriado común de las enfermedades mentales”. Incluso existen anuncios que ofrecen ayuda y venden pastillas que prometen librarnos de ella. Cuando una depresión normal se transforma en una depresión clínica que requiere ayuda profesional, entonces los antidepresivos sí pueden ser de ayuda durante un tiempo.

El tratamiento de la depresión es un acto de equilibrio. Debemos conseguir aceptar la tristeza como un paso apropiado y natural de la pérdida, pero no debemos permitir que una depresión descontrolada y permanente merme nuestra calidad de vida. El uso de antidepresivos sigue siendo un tema de controversia, sobre todo cuando se ha producido una pérdida. La realidad es que la pena está ahí y debe ser procesada, con o sin medicación por parte de una persona profesional.

Por muy difícil que sea de aceptar, la depresión posee elementos que pueden ser útiles en el duelo. Nos obliga a ir más lentos y nos permite evaluar de forma real la pérdida. Nos obliga a reconstruirnos de nuevo desde la nada. Limpia el camino para crecer. Nos lleva a un lugar en lo más hondo del alma que no exploraríamos en circunstancias normales.

La reacción de la mayoría de la gente ante alguien triste es intentar animarle, decirle que no vea las cosas tan oscuras y que busque el lado positivo de la vida. Esta reacción de ánimo suele ser la expresión de las necesidades propias y de la incapacidad de esa persona para tolerar una cara larga durante un periodo prolongado. Lo adecuado es dejar que los dolientes experimenten esta pena. Éstos se sentirán muy agradecidos con quienes puedan sentarse con ellos sin decirles que no estén tristes. Un doliente, una doliente, puede estar en medio de la vida y aun así no participar en las actividades que se consideran vivir: puede que sea incapaz de salir de la cama, que esté con tensión, irritable, con dificultades para concentrarse o preocuparse por algo… Incluso puede que no importe cuál sea nuestro entorno porque sería posible que nos sintamos solos de cualquier forma.

 

SUGERENCIA 1. La silla del invitado

error: ¡El contenido está protegido! - Content is protected!