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PRESENTACIÓN
Vídeo que presenta este Taller.
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QUÉ ES EL DUELO
Introducción a la experiencia del duelo y a su gestión.
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LA CASA DEL DUELO
Recorrido descriptivo por las etapas del duelo, acompañado por algunas sugerencias prácticas para la gestión del duelo.
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LOS CUADROS DEL DUELO
Acercamiento descriptivo y vivencial hacia algunas de las situaciones que acompañan a las etapas del duelo. Es un acercamiento acompañado de sugerencias prácticas para la gestión del duelo.
- CUADRO 1 El alivio
- Sugerencia 3. Reconciliación interior
- CUADRO 2 El descanso emocional
- Sugerencia 4. La tregua emocional
- CUADRO 3 Las lamentaciones
- Sugerencia 5. Perdónate a ti mismo/a
- Sugerencia 6. Bucea en tus sentimientos
- Sugerencia 7. Reorganizando mi familia interior
- CUADRO 4 Las lágrimas
- CUADRO 5 Las apariciones
- Sugerencia 8. El arte como herramienta
- CUADRO 6 Los roles
- CUADRO 7 La historia
- Sugerencia 9. El puzle
- CUADRO 8 La culpa
- CUADRO 9 El resentimiento
- CUADRO 10 Otras pérdidas
- CUADRO 11 Creencias sobre la vida
- CUADRO 12 El aislamiento
- Sugerencia 10. Fórmulas para salir del aislamiento
- CUADRO 13 Los secretos
- Sugerencia 11. Aprender a perdonar
- CUADRO 14 El castigo
- CUADRO 15 El control
- Sugerencia 12. Curso sobre MMB
- CUADRO 16 La fantasía
- Sugerencia 13. Crea tu propio ritual
- CUADRO 17 La fuerza
- Sugerencia 14. Un canto a la valentía
- CUADRO 18 La vida después de la muerte
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LAS CELEBRACIONES
Claves para la vivencia plena de las celebraciones: participación activa, consciente, simbólica y espiritual.
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AL TERMINAR EL TALLER
Cierre del Taller.
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BIBLIOGRAFÍA
Relación de libros que recojen los contenidos utilizados y mencionados en este Taller.
CUADRO 4 Las lágrimas
QUE CADA CUAL COJA SU PAÑUELO

Lo peor que podemos hacer es impedirnos desahogarnos. Las lágrimas no lloradas se encargan de hacer más profundo el pozo de la tristeza. Si necesitas llorar durante media hora, no te detengas al cabo de veinte minutos. Llora todo lo que necesites. Ya parará solo. Si lloras hasta la última lágrima, sentirás más alivio.
Vivimos en una sociedad que considera las lágrimas un signo de debilidad, y una cara impasible uno de fortaleza. Es posible que llorar o no llorar tenga más que ver con la forma en que te han educado, o con las formas que tú has aprendido y desarrollado, que con la naturaleza de tu pérdida. A algunos de nosotros nos han criado con permiso para llorar, pero a otros no. Para algunos, es aceptable llorar en privado, pero no en público. Sea como fuere, la pérdida de un ser querido puede inclinar la balanza y hacer asomar esas lágrimas que nunca creíste poder llorar.
En ocasiones, es posible que rompas a llorar sin ninguna razón aparente. Puede parecer que se origina de la nada, porque ni siquiera, en este momento, estás pensando en la pérdida de manera consciente. Las lágrimas inesperadas te recuerdan que la pérdida sigue ahí. A menudo, las personas recuerdan de forma inesperada a un ser querido y rompen a llorar en una situación que no estaban preparados para manejar.
La importancia de saber llorar la conocen y la manejan bien algunas personas. Por ejemplo, hay enfermeras que, si les invitan, tienen como norma acudir a los funerales de las personas a quienes asistieron durante al menos cuatro meses. Y allí lloran lo que necesiten sin ningún problema. Y llegan a expresar que “la única manera en la que he aprendido a sobrevivir en este trabajo durante los últimos veinte años es llorar todas las lágrimas que tengo para cualquier persona que me importe”.
Conceder la importancia que merece a llorar es conocer la importancia de tomar el dolor de dentro y sacarlo afuera. Cuando se expresa completamente la tristeza, se puede seguir adelante. Las lágrimas no lloradas no desaparecen; su tristeza permanece en el cuerpo y en el alma. Pudiera ser que haya quien vea las lágrimas como algo dramático y demasiado sentimental, o como un signo de debilidad. Pero la verdad es que son una expresión externa de un dolor interno.
Por otro lado, cada persona reacciona de manera diferente cuando ve llorar a alguien. Acompañar en el duelo y la tristeza a quien sufre la pérdida implica saber acompañar el llanto. Y esto requiere de la capacidad de estar y permanecer, con compasión y amor, junto a la persona doliente, se llore o no se llore también. Para esto es imprescindible ver las lágrimas no como un signo de debilidad, sino más bien como la expresión de una profunda pena. Acompañar el llanto doliente va más allá de la cuestión cultural: en algunos lugares, no llorar es una señal de dignidad; en otras culturas, no llorar por el difunto se considera una señal de deshonor.
Las lágrimas son un símbolo de la vida. Y nos ocurre, en algunos momentos, que en medio del llanto, estallamos en risas e incluso en carcajadas. Y no sería adecuado tomarnos nunca una risa entre las lágrimas como una razón para sentirnos culpables. Se trata de la vida que tenemos mezclada con la tristeza que sentimos. Se trata de un mecanismo de autoprotección para poder aguantar el dolor. Elisabeth Kübler-Ross decía que en los grupos de duelo solían tener una norma: “que cada cual coja su pañuelo”. Y explicaba:
En ocasiones, cuando alguien empieza a llorar, todo el mundo toma la caja de pañuelos de papel y se la ofrece. Aunque ello puede ser un acto de apoyo, a menudo envía el mensaje de “deja de llorar ya”. Además, si adopto el papel de cuidador, evitamos nuestras propias emociones.

