TALLER DE DUELO. Cómo superar las pérdidas en la vida

HABITACIÓN 3 La negociación

Puede que nos extraviemos en un laberinto donde no hacemos más que repetirnos “ojalá”, o, “¿y si…?” Queremos que la vida vuelva a ser como era; queremos que nuestro ser querido nos sea restituido. Queremos retroceder en el tiempo: encontrar antes el tumor; reconocer la enfermedad con más rapidez; impedir que el accidente suceda… Ojalá… Ojalá… Ojalá…

Además, la negociación, a veces, va acompañada de culpa. Los “ojalá” nos inducen a criticarnos y a cuestionar lo que creemos que podríamos haber hecho de otra forma. Es posible que incluso pactemos con el dolor. Haremos cualquier cosa por no sentir el dolor de esta pérdida. Nos quedamos anclados en el pasado intentando pactar la forma de librarnos del dolor.

La negociación puede aliviar temporalmente el dolor que conlleva el duelo. En ocasiones, uno sabe que no es cosa suya, pero negocia porque es una forma de huida del dolor, una distracción de la triste realidad de la vida sin la persona que ha perdido. En otros casos, la negociación puede permitir a la mente pasar de un estado de pérdida a otro. Puede ser una estación intermedia que procura a nuestra psique el tiempo que necesita para adaptarse. La negociación puede llenar las lagunas que generalmente dominan nuestras emociones fuertes, lo cual, a menudo, mantiene el sufrimiento a raya. Nos permite creer que podemos restaurar el orden en el caos que nos rodea.

Y junto a todo esto, además, la negociación cambia con el tiempo. Sea como sea que se exprese y de materialice, cuando atravesamos la etapa de la negociación, la mente modifica los acontecimientos pasados mientras explora todo lo que se podría haber hecho y no se hizo.

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